el cuerpo gira alrededor de un eje grávido y lejano,
propiciando la secreta contemplación
de no tenerla, de no sentirla,
de conjugar todos juegos
y los espacios acotables,
tras venir de cobrar conciencia
de la implacable ausencia que
del todo hace
un reflejo inaprensible,
en una dialéctica de lo imposible.
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